La Tijera Traducción de Andrés Sánchez Pascual, 1993 PD: A los que consulten los textos en español. ¿pongo los acentos o os dan signos raros? (á, é, í, ó, ú) 1. Cada cual tiene una habilidad, un arte, que sean cuales sean sus resultados y sus logros, es el suyo. El impulso instintivo que lleva a un ser humano a ejercitar ese arte, a cantar o a danzar, por poner un ejemplo, le es innato; y ese impulso encuentra su satisfacción en la practica, cuando se “juega” con él. Sería ocioso preguntar si ese instinto precede al instinto religioso o lo sigue. Ambos están inseparablemente unidos, como lo están el inspirar o el espirar - son como el recibir y el agradecer. Las religiones son en este aspecto obras de arte mejor o peor logradas. En la obra de arte el tiempo encuentra su confirmación en un plano elevado, si bien lo perfecto, que es vislumbrado fuera del tiempo, permanece inalcanzable. De ahí que una moda se agote en lo cotidiano, que un estilo se agote en los siglos. En los sitios donde se desmoronan las imágenes es menester que vengan otras imágenes a sustituirlas; se corre el peligro de que haya pérdidas si no acontece eso. 2. Los cultos no pueden perdurar sin imágenes. Aun en el desierto es preciso colocar como mínimo una piedra. Algo ocurrió en aquel lugar, algo que así es rememorado. Tal vez cayó del cielo un meteorito, o bien es sólo un rumor. En este caso el rumor causa un efecto mayor que el hecho mismo. Las imágenes son la roca primitiva en que se asientan los cultos; su vida es más duradera que la de los dioses en cuyo honor se erigieron. Nos encontramos ante una estatua sacada de entre los escombros de unas ruinas y el sentimiento que tenemos es éste: “Ahí tuvo que haber un dios”. No conocemos ni el santuario ni su nombre, pero somos interpelados por un sentido oculto que le estuvo cerrado con llave incluso al propio artista. En la obra de arte está viva una fe que dura más que todos los dogmas. 3. Cada cual es también el autor de su biografía, el biógrafo de sí mismo. Es él quien escribe su propia novela y es consciente de que le está encomendada esa tarea. Eso es lo que explica que casi todo el mundo haya comenzado a escribir alguna vez en su vida una novela. El problema está en cómo le ha salido a la persona singular ña exposición de su vida. Es cosa que nada tiene que ver ni con sus circunstancias externas ni tampoco con que su novela tenga un final feliz. El problema está, antes al contrario, en el modo como la persona singular ha administrado sus talentos - y éstos le están dados por anticipado, antes de que ella viera la luz de este mundo.
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